miércoles 11 de marzo de 2009

seguimos perdidos.

Hoy me levanté temprano. Estuve unos segundos sentado en la cama, aun con sueño y pensando que eso mismo hice ayer y es lo mismo que haré los próximos 30 años a no ser que haga algo para remediarlo. Me han hecho pensar que en eso consiste la vida y lo peor es que empiezo a aceptarlo. Me entristece pensar que pasarán muchos años desde que te fuiste y que voy a malgastar todo ese tiempo cuando a ti te lo robaron. Aunque solo sea por hacerte un homenaje, deberé arreglar esta situación, ya que la vida que quiero vivir no se parece nada a esto a lo que me he dejado arrastrar.

Hablando de homenajes. Vaya aniversario el tuyo. Hubo momentos realmente grandes, especialmente aquel solista. Brillante. Parece que fue ayer que mi hermano Leandro hiciera aquella maldita llamada y ha pasado ya más de un año de aquello. Lo peor es que las cosas no han cambiado mucho por aquí. Todo un paso atrás para que ese que tú y yo sabemos encuentre un poco de paz. No lo veo nada positivo emocionalmente para él. Con esta manía que tengo de buscar un sentido pragmático a todo, nunca me llamarán para recoger mi premio al simpático del barrio, aunque nunca preparé mis vitrinas para galardones tan poco prácticos. A eso se le llama ser consecuente.

El caso es que jamás un San Valentín hizo rebosar un auditorio de tanta tristeza y eso debería hacerme recapacitar cuando pienso en todo aquello. En el pasado escuché demasiado eso de "pasas de todo" o eres un “despegado” o un "insensible" por no poner carita de circunstancias en las despedidas. En parte es porque me despido tanto como vuelvo a reencontrarme; y en parte porque tienen razón. ¿y qué hago? ¿miento? Las grandes actuaciones se las dejamos a la oscarizada Pé –qué forma más cursi de acortar un nombre, por cierto; aunque cierto es que alargarlo una sílaba sonaría vulgar-

En mi primera carta hablamos ya de que se pasa uno la vida conociendo gente a la que no volveré a ver y que pasan por nuestras vidas sin perturbarlas. No todos merecen una despedida o yo soy muy vago para darlas.
Tú sin embargo nunca has sido una más y eso hace que merezcas más. no eres esa "chica de Conil” o esa “novia de”. No me trago 1.400 kilometros para hablar a un público del que no necesito un aplauso y mucho menos una lágrima por “la novia de” por importante para mí que pueda ser él. De ahí un gran homenaje A TI y que no me moleste que la gente no haya alcanzado a comprender el mensaje que quise transmitirles y se limitasen a lo emotivo que me pudiera haber salido el discurso. De ahí también que me guste escribirte y no hablar de ti. No se trata de que lean entre líneas, es sólo saber escuchar más allá de un conjunto de términos que suenen bien. Las palabras bonitas mueren si sus ideas no viven en quienes las escuchan; y muchos de quienes te quieren todavía necesitan llorarte más que darte un homenaje ¿Y quién soy yo para cambiar eso? ¿uno que puede? Yo no lo sé. Eso que me dijeron no hace mucho de que “el arte de saber juntar palabras” puede darme un poder mayor que el de una espada, es, como tengo escuchado en el trabajo, algo que “no aplica” o “no es operativo” –un día tengo que hablarte de mi trabajo y quizá serás tú quien llore con estas cartas-.

Me falta mucho para hacerme entender, desde luego. Me falta voluntad más que talento; y aun más me falta encontrar quien sepa guiar mi voz para que mis pensamientos más amargos pinten más dulces, ya que el tiempo acabará haciéndomelos comer.

Y es que doy por seguro que un día mis palabras más que mis ideas acabarán pasándome una factura que no sabré firmar, lo que se tercia contradictorio en alguien que no se precia de ser muy comunicativo. Nunca dije en serio que sea perfecto. Se demuestra en que aun hay conciencias que debería molestarme en agitar y no agito. Me desborda la rabia que aun hoy me consume y que no podré canalizar más allá de a través de estas letras. Me sobran pensamientos que no sabré compartir y sobre todo personas de las que me despediré junto a otras de las que sin elección algo hará que TENGA que DESPEDIRME.

Esa enorme diferencia me da miedo. Realmente tengo miedo, es así. Hace ya tiempo me prometí que las alas de mi libertad no perderían una sola pluma por una persona, una posición o por lo que se pueda esperar de mí, y eso mismo empieza a sucederme.
Tengo miedo a afrontar mi pasado frente al espejo dentro de muchos años y no sonreírme o hacerme un guiño porque no me guste lo que veo o lo que dejé a la espalda. Tengo mucho miedo de envejecer más allá de unas arrugas y que la rutina me haya dejado en casa conformándome con ver pasar la vida que deseo desde la ventana, ver que mi cara o mi carnet se llenaron de años y mi vida no. Quizá porque siempre he querido poco equipaje en mi viaje y ningún pasado o comportamiento ha lastrado mis pasos.

Pero tú sabes bien que el pasado nos persigue, crece, se manipula y nos lo escupen. Viste cómo llenamos un auditorio llorando tu recuerdo y las calles gritando tu nombre. Paseamos pancartas, exigimos justicia, firmamos papeles, repasamos fotos, compartimos lágrimas, velamos tu ausencia… pero también verás que el tiempo apagará las voces, secará lágrimas y hará que para muchos termines siendo una triste fecha en el calendario o un viejo recuerdo idealizado.

Por eso te pido perdón. La condición humana es egoísta y de memoria caduca. Yo no soy una excepción y el paso del tiempo hará estragos en nuestra relación. Te pido perdón por eso mismo. Sé que tengo aun mucha responsabilidad que estoy dando de lado por demasiado tiempo ya y sinceramente no siempre sé lo que debo hacer. Aun entonces, amiga mía, como hice ayer y si tengo fuerzas seguiré haciendo mañana; me contento con un momento de mi soledad en el que pueda hacer un tributo; desestructurado, confuso y prosaico en exceso, a quien me ayuda a llenar mi vida de vida y a quien en su ausencia me recuerda que ahora, tengo que vivirla por dos.

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