domingo, 2 de agosto de 2009

y si no, reviento.

No puedo con la gente. Es así y no tiene visos de cambiar. En días como el de hoy vienen a mi mente frases hechas como “qué bonito día, verás cómo viene alguien y lo jode” o “cuando mejor conozco a las personas más quiero a mi mascota” o esa de que “el paso del tiempo nos hace mayores, que no más sabios.”

Loli; vamos a ver, pregunta fácil: ¿Por qué estoy así de quemado si sólo “ha expresado” una opinión?
¿pero quién cojones es ese individuo para opinar?!?! ¿Piensa en las consecuencias de sus opiniones de mierda que nadie ha pedido? ¿Acaso PIENSA? Si la cultura es un lastre a veces, la falta de cultura es un cáncer siempre.

El día que la vida me niegue ese mínimo de perspectiva y sentido común necesario como para no condicionar a mis amigos con mis prejuicios pueblerinos, mi mezquindad, mi falta de sensibilidad, gusto y afecto por los míos, habré de hacer como Zaratustra y hacer examen de conciencia –o al menos averiguar si tengo- o en su defecto rezo para que me sea negado también voz y voto.

Qué pena volver a hablarte después de tanto tiempo con esta mala sangre que me pone alguno. Lo sé, y de verdad que lo siento.
¿Por qué cuando hay por fin una alegría, llega cualquier subnormal, retrasado, egoísta de consejo y juicio rápido al que no le parece bien y dictamina que los lutos son de negro riguroso y a perpetuidad? Supongo que lo hace con el Código de conducta civil de Chiclana -edición de 1952- en mano. Manda cojones tamaña subnormalidad en una sola persona!
¿No será más honroso que se opine sobre lo que es personal cuando se pida una opinión personal? ¿por qué precisamente quien más tiene que callar es quien más ladra? Me pongo a comparar y me pregunto cómo reaccionaría si le censurasen “Código en mano” su vida y obra, precisamente con su historial.

Por suerte tu hombre no es sólo fuerte de corazón sino de cerebro y quienes le quieren le apoyan en su felicidad, que es también la tuya. Agradezco y me consta que lo sabe.

Es mi culpa mi falta de transigencia. Sí. Reconozco que puede resultar hipócrita criticar a quien a su vez critica, pero el talante es cosa de Zetapé -otro que…-. Además mi enfado se justifica con una política de “tolerancia cero” a quien pone trabas a la felicidad de quienes quiero.

En fin, no quiero extenderme innecesariamente. No tengo gran cosa que decirte y ya sabía antes de empezar que no sería una lectura agradable para nadie. Apenas es terapia escribirlo.
Quizá otro día que piense con más claridad aproveche para releer estas letras y justificar ciertos comportamientos del escribiente y lo indigno e innoble del comportamiento humano. -no necesito hacerlo en absoluto, pero es “material para navegantes”-

Lo dicho. Un beso.