viernes, 25 de diciembre de 2009

Teorizando

Hola Lola! (qué tiempos cuando veía tu cara al decírte esto mismo poniendo cara de payaso). Hoy tenía pensado contarte lo de la comida de navidad de este año, pero por lo sosa e insustancial te la podría resumir en 4 líneas (una y media conociendo mis dotes de concreción)y con lo poco que escribo últimamente y lo maduro de mi colegir en recientes acontecimientos, creo que voy a cambiar de tercio.
El hecho es que mi tradicional escasez de fe en mi entorno –ahora es cuando todos se dan por aludidos- me empuja a practicar la ancestral técnica de “despotricamiento indiscriminado” pero desistiré de tan extendida costumbre, honrando al espíritu navideño que tan esquivo ha sido en tu ausencia.
Y apelo a ese espíritu navideño, garante de buenas intenciones, por mi sana intención de hacer la típica promesa inútil para el próximo año: Conocer mejor a la gente (con especialidad en su vertiente sentimental), para lo cual he venido desarrollando una teoría que luego describiré. Hay quien quiere aprender inglés, sacarse el carnet, no perderlo por puntos… yo soy más ambicioso.
Vale que suelo viajar escaso de empatía pero es que la epidemia que me encuentro últimamente –van cuatro en pocos meses- ya escapa a todo razonamiento lógico.
A ver, sin tecnicismos: Sí, me la trae floja. Y sí, si me la trajese floja no te escribiría sobre ello ni sería motivo de "tierna promesa navideña", pero te comento: El proceso estándar es siempre algo así como: Me piden consejo, lo doy, me dan la razón, hacen lo que les da la gana, les sale mal, me dicen que yo tenía razón y vuelta a empezar. Esto últimamente ha evolucionado, derivando en: me cuentan sus penas, no pongo la solución (argumentando que es saliva perdida con la esperanza de que reaccionen, cosa que nunca sucede), me cuentan la solución correcta, no SE hacen caso (manda cojones) y vuelta al principio.
La ventaja es que se ahorran escucharme decir: “te lo dije”, lo que para mí, que tengo que volver a escuchar las mismas miserias, no es gran consuelo.
Y es que las relaciones son tan complejas como uno permite que éstas sean. Quien menos debería tener los suficientes espolones como para haber aprendido que un beso no es un contrato ni una mirada tierna una promesa de amor eterno. Entiendo de esto que las personas -normalmente “ellas”- se aferran a las relaciones como un náufrago a un chaleco salvavidas de plomo. Confían su protección equivocadamente y cuanto más tarden en quitarse ese lastre, más hundidas acaban.
Ahí es donde la experiencia debería contar, no por ser un cúmulo de acontecimientos pasados, sino por lo aprendido de estos, entendiendo que para nada ayudan las ganas que tenemos de que la misma causa tenga consecuencias distintas.
Siempre he pensado que tenemos la costumbre de necesitar años para construir confianza y apenas segundos para echarla abajo. Cuando encuentro que gente cercana convive con tanta desilusión, indiferencia e incluso crueldad y lo asumen sin una reacción definitiva para atajarlo, me doy cuenta de que poco puedo hacer yo para cambiarlo.
Entonces, quizá por descarte, encuentro en el miedo que tienen al mayor pegamento posible.
Pero ¿qué importa lo que las unió a esa persona en el pasado si hoy es más un lastre que un bonito recuerdo? No creo que se trate de dónde has llegado, sino a dónde te diriges, y se ve que la incertidumbre aterroriza suficiente a partir de los 25 como para actuar. ¿la consecuencia? Retrasar lo inevitable, sufriendo un camino innecesario.
¿Está eso en la condición humana? Es un asco, pero hoy estamos de suerte. NO. La palabra digo yo que es “valor”, aunque sé que como en todo, los toros son más pequeños y mansos desde la barrera.
En cualquier caso incluso lo del valor… es relativo. ¿es valiente quien evita con su muerte una agresión? ¿es un inconsciente? ¿un héroe? Entiendo por un héroe quien se enfrenta a las peores consecuencias de hacer lo que considera necesario, que no lo más seguro o lo más cómodo. Por esa definición, conducir nuestras vidas exige de nosotros cierta heroicidad. Por egoísmo al menos. Lástima que (y eso sí está en la condición humana) tendemos a pasar mucho tiempo rezando para que nos toque la lotería pero no nos preocupamos de comprar el billete y confiamos a alguien para que lo haga por nosotros.
Volviendo a mi caduca promesa navideña y como comentaba antes, estoy pensando en plantearlo como un estudio del que tendré que sacar mis conclusiones al terminarlo. Ya que vengo de economía, te adelanto que el lenguaje se vuelve aburrido y técnico y se utilizan muchas palabras para explicar más bien poco, pero si no no vende.
Para el estudio, tenemos que plantear el objeto de estudio, una hipótesis, etc. Eso es casi tan pesado como yo vago, así que haré como todo economista de prestigio: Elaboro mi estudio en base a otro anterior -es decir: plagio barato-. En mi caso y volviendo a la economía, lo haré en base a los bienes Giffen, equiparándolos por su consecuencia aparentemente irracional y postulando (porque los eruditos no razonan o fundamentan: postulan y yo hoy no voy a ser menos). Dicho esto vemos que “el interfecto que tuviere una relación tendente al colapso, urdirá un plan en detrimento de su propio devenir, de tal forma que a mayor sea la precariedad de su situación sentimental, mayor será el apego a la misma.
La hipótesis formulada se fundamenta en que debido a que el Efecto Miedo a la Soledad (EMS), se ve incrementado por el Efecto Repulsión hacia la Pareja (ERP) en mayor medida que ésta, por lo que el efecto total aunque paradójico, es que a mayor es la repulsión, más se prolonga la vida en pareja.
Esto, en un supuesto ceteris paribus donde variables como el Efecto Costumbrismo (EC), Efecto Presión del Entorno (EPE) o Efecto Tercero en la Relación (ETR) permanecen exógenos. Entendiendo los efectos EMS, EC de pendiente habitualmente positiva (a mayor miedo a la soledad o costumbrismo, mayor es el interés por seguir la relación) y la repulsión per se de pendiente invariablemente negativa. Es de especial interés en el estudio los efectos EPE y ETR, cuya elasticidad y pendiente fluctuarán con variables emocionales y culturales tan rehuidas en modelos económicos.
La inclusión de la variable exógena ETR cuya representación gráfica lógica debería ser con pendiente negativa puede derivar en varios casos, siendo el más llamativo aquel en que se comporta de forma positiva, bien por lastres culturales (territorialidad) o psicológicos (remordimiento de conciencia) en función del caso. En romano paladín: que un amante podría incluso conseguir mayor unión en la relación.
La volatilidad del sentimiento humano tan repudiado como motivo de asombro en la comunidad científica hace carente de validez cualquier previsión del comportamiento del interfecto y por ende su entorno -donde se coloca el autor- representa poca presión en la evolución del modelo, tal como debe ser (de ahí que me toque bastante los cojones el malgasto de saliva).
Por otro lado existen claros condicionantes para mitigar esa volatilidad. Ahí podrían incluirse los relacionados con el poder de subyugación de la pareja para reconducir la relación o el factor edad, considerándose sorprendentemente mínimo el impacto del grado de hastío de la relación.”
Bueno, la idea queda planteada. Ahora toca ensayar mi mejor cara de poker para cuando realmente me importa poco y saber plantear mejor una estrategia para avanzar en el asunto cuando sí me importa.
En fin... que te quiero.

domingo, 2 de agosto de 2009

y si no, reviento.

No puedo con la gente. Es así y no tiene visos de cambiar. En días como el de hoy vienen a mi mente frases hechas como “qué bonito día, verás cómo viene alguien y lo jode” o “cuando mejor conozco a las personas más quiero a mi mascota” o esa de que “el paso del tiempo nos hace mayores, que no más sabios.”

Loli; vamos a ver, pregunta fácil: ¿Por qué estoy así de quemado si sólo “ha expresado” una opinión?
¿pero quién cojones es ese individuo para opinar?!?! ¿Piensa en las consecuencias de sus opiniones de mierda que nadie ha pedido? ¿Acaso PIENSA? Si la cultura es un lastre a veces, la falta de cultura es un cáncer siempre.

El día que la vida me niegue ese mínimo de perspectiva y sentido común necesario como para no condicionar a mis amigos con mis prejuicios pueblerinos, mi mezquindad, mi falta de sensibilidad, gusto y afecto por los míos, habré de hacer como Zaratustra y hacer examen de conciencia –o al menos averiguar si tengo- o en su defecto rezo para que me sea negado también voz y voto.

Qué pena volver a hablarte después de tanto tiempo con esta mala sangre que me pone alguno. Lo sé, y de verdad que lo siento.
¿Por qué cuando hay por fin una alegría, llega cualquier subnormal, retrasado, egoísta de consejo y juicio rápido al que no le parece bien y dictamina que los lutos son de negro riguroso y a perpetuidad? Supongo que lo hace con el Código de conducta civil de Chiclana -edición de 1952- en mano. Manda cojones tamaña subnormalidad en una sola persona!
¿No será más honroso que se opine sobre lo que es personal cuando se pida una opinión personal? ¿por qué precisamente quien más tiene que callar es quien más ladra? Me pongo a comparar y me pregunto cómo reaccionaría si le censurasen “Código en mano” su vida y obra, precisamente con su historial.

Por suerte tu hombre no es sólo fuerte de corazón sino de cerebro y quienes le quieren le apoyan en su felicidad, que es también la tuya. Agradezco y me consta que lo sabe.

Es mi culpa mi falta de transigencia. Sí. Reconozco que puede resultar hipócrita criticar a quien a su vez critica, pero el talante es cosa de Zetapé -otro que…-. Además mi enfado se justifica con una política de “tolerancia cero” a quien pone trabas a la felicidad de quienes quiero.

En fin, no quiero extenderme innecesariamente. No tengo gran cosa que decirte y ya sabía antes de empezar que no sería una lectura agradable para nadie. Apenas es terapia escribirlo.
Quizá otro día que piense con más claridad aproveche para releer estas letras y justificar ciertos comportamientos del escribiente y lo indigno e innoble del comportamiento humano. -no necesito hacerlo en absoluto, pero es “material para navegantes”-

Lo dicho. Un beso.

miércoles, 11 de marzo de 2009

seguimos perdidos.

Hoy me levanté temprano. Estuve unos segundos sentado en la cama, aun con sueño y pensando que eso mismo hice ayer y es lo mismo que haré los próximos 30 años a no ser que haga algo para remediarlo. Me han hecho pensar que en eso consiste la vida y lo peor es que empiezo a aceptarlo. Me entristece pensar que pasarán muchos años desde que te fuiste y que voy a malgastar todo ese tiempo cuando a ti te lo robaron. Aunque solo sea por hacerte un homenaje, deberé arreglar esta situación, ya que la vida que quiero vivir no se parece nada a esto a lo que me he dejado arrastrar.

Hablando de homenajes. Vaya aniversario el tuyo. Hubo momentos realmente grandes, especialmente aquel solista. Brillante. Parece que fue ayer que mi hermano Leandro hiciera aquella maldita llamada y ha pasado ya más de un año de aquello. Lo peor es que las cosas no han cambiado mucho por aquí. Todo un paso atrás para que ese que tú y yo sabemos encuentre un poco de paz. No lo veo nada positivo emocionalmente para él. Con esta manía que tengo de buscar un sentido pragmático a todo, nunca me llamarán para recoger mi premio al simpático del barrio, aunque nunca preparé mis vitrinas para galardones tan poco prácticos. A eso se le llama ser consecuente.

El caso es que jamás un San Valentín hizo rebosar un auditorio de tanta tristeza y eso debería hacerme recapacitar cuando pienso en todo aquello. En el pasado escuché demasiado eso de "pasas de todo" o eres un “despegado” o un "insensible" por no poner carita de circunstancias en las despedidas. En parte es porque me despido tanto como vuelvo a reencontrarme; y en parte porque tienen razón. ¿y qué hago? ¿miento? Las grandes actuaciones se las dejamos a la oscarizada Pé –qué forma más cursi de acortar un nombre, por cierto; aunque cierto es que alargarlo una sílaba sonaría vulgar-

En mi primera carta hablamos ya de que se pasa uno la vida conociendo gente a la que no volveré a ver y que pasan por nuestras vidas sin perturbarlas. No todos merecen una despedida o yo soy muy vago para darlas.
Tú sin embargo nunca has sido una más y eso hace que merezcas más. no eres esa "chica de Conil” o esa “novia de”. No me trago 1.400 kilometros para hablar a un público del que no necesito un aplauso y mucho menos una lágrima por “la novia de” por importante para mí que pueda ser él. De ahí un gran homenaje A TI y que no me moleste que la gente no haya alcanzado a comprender el mensaje que quise transmitirles y se limitasen a lo emotivo que me pudiera haber salido el discurso. De ahí también que me guste escribirte y no hablar de ti. No se trata de que lean entre líneas, es sólo saber escuchar más allá de un conjunto de términos que suenen bien. Las palabras bonitas mueren si sus ideas no viven en quienes las escuchan; y muchos de quienes te quieren todavía necesitan llorarte más que darte un homenaje ¿Y quién soy yo para cambiar eso? ¿uno que puede? Yo no lo sé. Eso que me dijeron no hace mucho de que “el arte de saber juntar palabras” puede darme un poder mayor que el de una espada, es, como tengo escuchado en el trabajo, algo que “no aplica” o “no es operativo” –un día tengo que hablarte de mi trabajo y quizá serás tú quien llore con estas cartas-.

Me falta mucho para hacerme entender, desde luego. Me falta voluntad más que talento; y aun más me falta encontrar quien sepa guiar mi voz para que mis pensamientos más amargos pinten más dulces, ya que el tiempo acabará haciéndomelos comer.

Y es que doy por seguro que un día mis palabras más que mis ideas acabarán pasándome una factura que no sabré firmar, lo que se tercia contradictorio en alguien que no se precia de ser muy comunicativo. Nunca dije en serio que sea perfecto. Se demuestra en que aun hay conciencias que debería molestarme en agitar y no agito. Me desborda la rabia que aun hoy me consume y que no podré canalizar más allá de a través de estas letras. Me sobran pensamientos que no sabré compartir y sobre todo personas de las que me despediré junto a otras de las que sin elección algo hará que TENGA que DESPEDIRME.

Esa enorme diferencia me da miedo. Realmente tengo miedo, es así. Hace ya tiempo me prometí que las alas de mi libertad no perderían una sola pluma por una persona, una posición o por lo que se pueda esperar de mí, y eso mismo empieza a sucederme.
Tengo miedo a afrontar mi pasado frente al espejo dentro de muchos años y no sonreírme o hacerme un guiño porque no me guste lo que veo o lo que dejé a la espalda. Tengo mucho miedo de envejecer más allá de unas arrugas y que la rutina me haya dejado en casa conformándome con ver pasar la vida que deseo desde la ventana, ver que mi cara o mi carnet se llenaron de años y mi vida no. Quizá porque siempre he querido poco equipaje en mi viaje y ningún pasado o comportamiento ha lastrado mis pasos.

Pero tú sabes bien que el pasado nos persigue, crece, se manipula y nos lo escupen. Viste cómo llenamos un auditorio llorando tu recuerdo y las calles gritando tu nombre. Paseamos pancartas, exigimos justicia, firmamos papeles, repasamos fotos, compartimos lágrimas, velamos tu ausencia… pero también verás que el tiempo apagará las voces, secará lágrimas y hará que para muchos termines siendo una triste fecha en el calendario o un viejo recuerdo idealizado.

Por eso te pido perdón. La condición humana es egoísta y de memoria caduca. Yo no soy una excepción y el paso del tiempo hará estragos en nuestra relación. Te pido perdón por eso mismo. Sé que tengo aun mucha responsabilidad que estoy dando de lado por demasiado tiempo ya y sinceramente no siempre sé lo que debo hacer. Aun entonces, amiga mía, como hice ayer y si tengo fuerzas seguiré haciendo mañana; me contento con un momento de mi soledad en el que pueda hacer un tributo; desestructurado, confuso y prosaico en exceso, a quien me ayuda a llenar mi vida de vida y a quien en su ausencia me recuerda que ahora, tengo que vivirla por dos.