Hola Lola! (qué tiempos cuando veía tu cara al decírte esto mismo poniendo cara de payaso). Hoy tenía pensado contarte lo de la comida de navidad de este año, pero por lo sosa e insustancial te la podría resumir en 4 líneas (una y media conociendo mis dotes de concreción)y con lo poco que escribo últimamente y lo maduro de mi colegir en recientes acontecimientos, creo que voy a cambiar de tercio.
El hecho es que mi tradicional escasez de fe en mi entorno –ahora es cuando todos se dan por aludidos- me empuja a practicar la ancestral técnica de “despotricamiento indiscriminado” pero desistiré de tan extendida costumbre, honrando al espíritu navideño que tan esquivo ha sido en tu ausencia.
Y apelo a ese espíritu navideño, garante de buenas intenciones, por mi sana intención de hacer la típica promesa inútil para el próximo año: Conocer mejor a la gente (con especialidad en su vertiente sentimental), para lo cual he venido desarrollando una teoría que luego describiré. Hay quien quiere aprender inglés, sacarse el carnet, no perderlo por puntos… yo soy más ambicioso.
Vale que suelo viajar escaso de empatía pero es que la epidemia que me encuentro últimamente –van cuatro en pocos meses- ya escapa a todo razonamiento lógico.
A ver, sin tecnicismos: Sí, me la trae floja. Y sí, si me la trajese floja no te escribiría sobre ello ni sería motivo de "tierna promesa navideña", pero te comento: El proceso estándar es siempre algo así como: Me piden consejo, lo doy, me dan la razón, hacen lo que les da la gana, les sale mal, me dicen que yo tenía razón y vuelta a empezar. Esto últimamente ha evolucionado, derivando en: me cuentan sus penas, no pongo la solución (argumentando que es saliva perdida con la esperanza de que reaccionen, cosa que nunca sucede), me cuentan la solución correcta, no SE hacen caso (manda cojones) y vuelta al principio.
La ventaja es que se ahorran escucharme decir: “te lo dije”, lo que para mí, que tengo que volver a escuchar las mismas miserias, no es gran consuelo.
Y es que las relaciones son tan complejas como uno permite que éstas sean. Quien menos debería tener los suficientes espolones como para haber aprendido que un beso no es un contrato ni una mirada tierna una promesa de amor eterno. Entiendo de esto que las personas -normalmente “ellas”- se aferran a las relaciones como un náufrago a un chaleco salvavidas de plomo. Confían su protección equivocadamente y cuanto más tarden en quitarse ese lastre, más hundidas acaban.
Ahí es donde la experiencia debería contar, no por ser un cúmulo de acontecimientos pasados, sino por lo aprendido de estos, entendiendo que para nada ayudan las ganas que tenemos de que la misma causa tenga consecuencias distintas.
Siempre he pensado que tenemos la costumbre de necesitar años para construir confianza y apenas segundos para echarla abajo. Cuando encuentro que gente cercana convive con tanta desilusión, indiferencia e incluso crueldad y lo asumen sin una reacción definitiva para atajarlo, me doy cuenta de que poco puedo hacer yo para cambiarlo.
Entonces, quizá por descarte, encuentro en el miedo que tienen al mayor pegamento posible.
Pero ¿qué importa lo que las unió a esa persona en el pasado si hoy es más un lastre que un bonito recuerdo? No creo que se trate de dónde has llegado, sino a dónde te diriges, y se ve que la incertidumbre aterroriza suficiente a partir de los 25 como para actuar. ¿la consecuencia? Retrasar lo inevitable, sufriendo un camino innecesario.
¿Está eso en la condición humana? Es un asco, pero hoy estamos de suerte. NO. La palabra digo yo que es “valor”, aunque sé que como en todo, los toros son más pequeños y mansos desde la barrera.
En cualquier caso incluso lo del valor… es relativo. ¿es valiente quien evita con su muerte una agresión? ¿es un inconsciente? ¿un héroe? Entiendo por un héroe quien se enfrenta a las peores consecuencias de hacer lo que considera necesario, que no lo más seguro o lo más cómodo. Por esa definición, conducir nuestras vidas exige de nosotros cierta heroicidad. Por egoísmo al menos. Lástima que (y eso sí está en la condición humana) tendemos a pasar mucho tiempo rezando para que nos toque la lotería pero no nos preocupamos de comprar el billete y confiamos a alguien para que lo haga por nosotros.
Volviendo a mi caduca promesa navideña y como comentaba antes, estoy pensando en plantearlo como un estudio del que tendré que sacar mis conclusiones al terminarlo. Ya que vengo de economía, te adelanto que el lenguaje se vuelve aburrido y técnico y se utilizan muchas palabras para explicar más bien poco, pero si no no vende.
Para el estudio, tenemos que plantear el objeto de estudio, una hipótesis, etc. Eso es casi tan pesado como yo vago, así que haré como todo economista de prestigio: Elaboro mi estudio en base a otro anterior -es decir: plagio barato-. En mi caso y volviendo a la economía, lo haré en base a los bienes Giffen, equiparándolos por su consecuencia aparentemente irracional y postulando (porque los eruditos no razonan o fundamentan: postulan y yo hoy no voy a ser menos). Dicho esto vemos que “el interfecto que tuviere una relación tendente al colapso, urdirá un plan en detrimento de su propio devenir, de tal forma que a mayor sea la precariedad de su situación sentimental, mayor será el apego a la misma.
La hipótesis formulada se fundamenta en que debido a que el Efecto Miedo a la Soledad (EMS), se ve incrementado por el Efecto Repulsión hacia la Pareja (ERP) en mayor medida que ésta, por lo que el efecto total aunque paradójico, es que a mayor es la repulsión, más se prolonga la vida en pareja.
Esto, en un supuesto ceteris paribus donde variables como el Efecto Costumbrismo (EC), Efecto Presión del Entorno (EPE) o Efecto Tercero en la Relación (ETR) permanecen exógenos. Entendiendo los efectos EMS, EC de pendiente habitualmente positiva (a mayor miedo a la soledad o costumbrismo, mayor es el interés por seguir la relación) y la repulsión per se de pendiente invariablemente negativa. Es de especial interés en el estudio los efectos EPE y ETR, cuya elasticidad y pendiente fluctuarán con variables emocionales y culturales tan rehuidas en modelos económicos.
La inclusión de la variable exógena ETR cuya representación gráfica lógica debería ser con pendiente negativa puede derivar en varios casos, siendo el más llamativo aquel en que se comporta de forma positiva, bien por lastres culturales (territorialidad) o psicológicos (remordimiento de conciencia) en función del caso. En romano paladín: que un amante podría incluso conseguir mayor unión en la relación.
La volatilidad del sentimiento humano tan repudiado como motivo de asombro en la comunidad científica hace carente de validez cualquier previsión del comportamiento del interfecto y por ende su entorno -donde se coloca el autor- representa poca presión en la evolución del modelo, tal como debe ser (de ahí que me toque bastante los cojones el malgasto de saliva).
Por otro lado existen claros condicionantes para mitigar esa volatilidad. Ahí podrían incluirse los relacionados con el poder de subyugación de la pareja para reconducir la relación o el factor edad, considerándose sorprendentemente mínimo el impacto del grado de hastío de la relación.”
Bueno, la idea queda planteada. Ahora toca ensayar mi mejor cara de poker para cuando realmente me importa poco y saber plantear mejor una estrategia para avanzar en el asunto cuando sí me importa.
En fin... que te quiero.
viernes, 25 de diciembre de 2009
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